Jueves, 17 Noviembre 2016 17:00

La migración y las poblaciones de inmigrantes en la Argentina

Por Mauricio Castro, coordinador de las Mesas de diálogo con colectividades de Integrar Buenos Aires

Nuestro país ha sido forjado desde sus comienzos por la migración. En sus 200 años de historia, fue elegido como lugar de crecimiento y progreso por inmigrantes de cientos de países, en un principio del continente europeo, pero luego también de otros sitios, como los países limítrofes y otras naciones cuyos habitantes buscaron nuevos rumbos en tiempos de crisis. Para comprobarlo, basta con caminar casi por cualquier ciudad o pueblo argentino y observar la cantidad de colectividades de distintos orígenes que hay diseminadas por todo el territorio nacional y cómo sus costumbres se encuentran incorporadas muchas veces a nuestras tradiciones o a nuestras formas de vivir contemporáneas. Todos ellos han aportado al desarrollo de nuestro país a largo de su historia.

En las últimas décadas, se ha ido consolidando un discurso de estigmatización de la inmigración que la señala como la causa de todos los males de la sociedad argentina, como la inseguridad, el narcotráfico o la falta de trabajo. Instalado por parte de algunos políticos, funcionarios, comunicadores y formadores de opinión, este discurso de características xenófobas no hace más que criminalizar a la inmigración fracturando a la sociedad.

Teniendo en cuenta que prácticamente en todas las ciudades de nuestro país se han afincado con los años distintas corrientes migratorias, debemos ser responsables de lo que comunicamos o decimos en relación a las comunidades de inmigrantes de ayer y de hoy. Despertar un brote xenófobo o un rechazo a la inmigración, nos puede llevar a una crisis social que sí podría ser caldo de cultivo del delito y la explotación.

La migración en nuestro país se regula a través de la Ley de Migraciones N° 25.871, que cumple con el espíritu de nuestra Constitución Nacional, el respeto a los Derechos Humanos y da cumplimiento a los compromisos internacionales de la República. A través de esta norma, el Estado dispone de las herramientas para favorecer el cumplimento en derechos y obligaciones de todos los extranjeros que transiten o se radiquen en el territorio nacional.

Se debe trabajar codo a codo tanto con los consulados, para lograr la regularidad migratoria, así como también con las colectividades organizadas, que son una gran fuente de acercamiento a los inmigrantes. Y es el Estado, en todos sus niveles, el que debe conducir este proceso.

Las colectividades y las migraciones son transversales a todas las clases sociales y a todos los ámbitos. Por eso, el Estado nacional debe instar a las Provincias y a los Municipios a que se involucren en los procesos de acercamiento e integración, ya que un Estado presente que aplica todos sus resortes en la temática, achica la posibilidad de irregularidades y delitos como la trata de personas, la explotación laboral, las gestiones de trámites usureros, y también puede colaborar con la lucha contra el narcotráfico. Sabemos que la gran mayoría de los inmigrantes que han venido a nuestro país son gente de bien, que vinieron a progresar no a costillas de la Argentina sino a favor. Todos debemos tener en nuestras familias la historia de algún inmigrante que con una mano atrás y otra adelante vino a la Argentina, se arraigó, formó una familia, trabajó duro y quizás nunca más volvió a su tierra. Esas historias de vida forman parte de la historia del progreso de una nación.

Como dije anteriormente, el Gobierno tiene todas las herramientas en la Ley de Migraciones para ponerse a trabajar, respetando los derechos humanos, fortaleciendo el tejido social, y generando la conciencia de ciudadanos plenos con derechos y obligaciones, para poder tener cada día una sociedad mejor y, como dice el preámbulo de nuestra Constitución Nacional, ¨asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino¨.